ESCUELA DE PADRES 4º ESO 2ª Reunión de Padres:
"¿Qué les pasa a nuestros adolescentes?
Claves para padres."
Fecha: 1 de marzo a las 19h
Lugar: Sala de audiovisuales
Destinatarios: Padres de alumnos de 4º ESO
Tema: "¿Qué les pasa a nuestros adolescentes?
Claves para padres."
Colaboración de: SONIA CANO
Trabajadora Social del Ayuntamiento de Madrid. Experta en Terapia de Familia. Técnico en prevención de drogodependencias.
Para los padres de los alumnos de 4º ESO:
Un objetivo educativo prioritario en esta etapa es orientar a nuestros hijos y alumnos para que puedan desarrollar todo su potencial en el futuro.
El elegir los estudios más adecuados a su perfil, el reflexionar sobre las actitudes necesarias para lograr los objetivos que se proponen, el hacerles caer en la cuenta de los múltiples factores que entran a formar parte de sus primeras decisiones, etc. Estas son algunas "tareas" que como padres y profesores tenemos que despertar en nuestros hijos y alumnos.
Para ello, el día 1 de marzo a las 19h, en la sala de audiovisuales, nos reuniremos. Tras una básica exposición teórica, compartiremos un espacio de formación y de reflexión. Nos ayudará en esta tarea Sonia Cano, especialista en intervención, orientación y formación con familias en el ámbito de la prevención.
A continuación, pasaremos a las clases de 4º ESO con los tutores para, brevemente, compartir la marcha del curso.
Os pedimos que confirméis vuestra asistencia mediante el justificante que aparece en este mismo folleto antes del jueves 25 de febrero.
Desde el colegio resaltamos la importancia de acudir y participar en estos espacios únicos para hablar de vuestros hijos y de su educación.
La Dirección.
PADRES Y PROFESORES:
O REMAN JUNTOS, O SE HUNDE EL BOTE.
Pero... ¿qué nos esta pasando? Llevamos años influidos por corrientes pedagógicas que han confundido a padres y profesores. Hemos pasado de "esto es así, porque lo digo yo" y de "la letra con sangre entra" a razonarlo todo. Quizás pueda asombrar que se recomiende razonar con los niños, pero es la verdadera manera en que hay que comportarse con ellos. Los niños entienden las razones desde que saben hablar y les gusta que les trates como criaturas razonables, pero...cuando se habla de razonamiento se entiende solamente los que se refieren a la inteligencia. Nadie supone que deba argumentarse con un niño de tres o ni siquiera de siete como un hombre maduro. Los largos discursos y los razonamientos filosóficos asombran todo lo más y confunden el espíritu del niño, pero no lo instruyen (John Locke). Cuando se dice que hay que razonar con nuestros niños se entiende que hay que hacerles comprender por la suavidad de nuestros modales y por el aire sereno que conservaremos hasta en nuestras regañinas, que lo que hacemos es razonable en sí mismo, al mismo tiempo que útil y necesario para ellos.
Además de todo esto, las familias venimos confundidas pensando que al niño hay que dejarle que desarrolle su genialidad innata sin otra medida educativa que seguirle discretamente la corriente y no sólo esto, nuestros hijos nacen y crecen en un mundo hecho por nosotros, que se adelanta a sus necesidades, que previene sus preguntas y les inunda de soluciones (Lévi-Strauss).
Con esta situación creamos malcriados en la cultura del zapping que les hace incapaces de ver o escuchar nada de principio a fin, con lo que es difícil que aguanten una clase completa de algo que no les apasione sin tregua y, aún peor, les obligue a esforzarse un tanto.
Siguiendo en esta línea del bajo esfuerzo y del "pobrecito mi niño" llegamos a situaciones semibélicas y a prácticas inmersas en la violencia (no hay nada más que seguir un par de telediarios para darte cuenta de dónde se dirigen los jóvenes de hoy en día, que para divertirse arman un motín en una comisaría de policía, de padres que justifican esas conductas reclamando a los jueces las sanciones porque...mi hijo sólo pasaba por allí).
Ante todo este maremagnum hay que pensar que lo estamos haciendo mal, la familia y la escuela (que es y debe ser una prolongación de la primera) deben trabajar unidas, el potencial y la influencia de ambos contextos aumentará si entre ellos establecen relaciones cordiales, fluidas y constructivas. La escuela complementa hoy a la familia como ayer lo hacía la pequeña comunidad del entorno (aldeas, pueblos y barrios urbanos en los que el conocimiento entre todos hacía que los niños pudieran sentirse protegidos y controlados).
La escuela, por su parte, también ha cambiado. De ocupar apenas un lugar discreto en la vida de las personas ha pasado a absorber prácticamente la niñez, la adolescencia y buena parte de la juventud; por lo que ese tiempo de más en la escuela es tiempo de menos en la familia. Además, ¿quién no tiene hijos en actividades extraescolares ocupando parte de la jornada posterior a la lectiva?
Nuestros hijos y/o alumnos se pasan la mayor parte de su crecimiento formándose y sin embargo cada vez están peor educados, son niños impulsivos, inatentos, toleran poco y mal las frustraciones y chillan en cualquier lugar. Hace no pocos años acudíamos a la consulta del médico con un respeto sumo al lugar, permanecíamos sentados y callados hasta que llegaba nuestro turno, ahora vamos al pediatra y resulta difícil escuchar a la enfermera cuando nos llama, hay críos corriendo por toda la sala deambulando libremente y sin control por el lugar.
En estas circunstancias no tiene sentido marcar la perdiz sobre si los padres han abdicado de controlar la conducta de sus hijos o es el profesorado quien lo ha hecho, si las familias piden demasiado a la escuela o es esta la que ofrece demasiado poco, y así sucesivamente. Lo que importa es comprender que la familia y la escuela se han quedado solas en la tarea, que ninguna otra institución va a venir ni puede venir a socorrerlas salvo en funciones secundarias y que a ellas les corresponde, por tanto, buscar un nuevo reparto de tareas.
Hay que recuperar la confianza mutua, y asumir cada uno su responsabilidad. Basta ya de acusaciones recíprocas que no conducen a nada. Los profesores se quejan de que los niños vienen sin educar de casa, y es verdad, y los padres, de que en muchos colegios no les enseñan a comportarse, y también es verdad. Si nos quedamos en las culpas no arreglaremos nada.
La única salida a este atolladero estriba en que "los profesores sean verdaderos maestros, espejos en los que los alumnos se puedan mirar, que no cuelguen su rol de profesor cuando termine su horario. Y los padres tenemos que volver a ser padres, con lo que eso implica: ocuparnos de la disciplina y educar, desde el amor, en el respeto a la autoridad (etimológicamente significa crecer).
El aprendizaje del autocontrol se inicia con las órdenes e indicaciones de la madre; es decir, que el niño aprende a mandarse a sí mismo obedeciendo a otros. Si carece de tutela, si no hay unas normas y límites claros e iguales en ambos contextos, el niño puede deformarse y volverse caprichoso, vago, egocéntrico, establecerá unas relaciones sociales hipócritas y se acostumbrará a la rutina del no hago nada porque me lo dan todo hecho.
¡Padres, maestros! La autoridad debe imponerse, no vivamos confundidos con la opresión, no podemos formar ciudadanos libres si no educamos en el autocontrol.
Vamos a olvidarnos del modelo de profesor experto que nos dice: "tenéis que conseguir que Juan estudie todos los días de 17:30 a 19:30", consiguiendo un modelo cooperativo que nos diga: "parece que Juan estudia poco ¿qué creen que habría que hacer para que estudie más y desarrolle unos hábitos adecuados?".
Desarrollemos juntos un espacio en el que podamos compartir ideas, inquietudes y opiniones. Intercambiemos conocimientos para intentar conocer mejor a nuestros hijos y/o alumnos. Vamos a arreglar juntos este entuerto y podremos a la vez arreglar la sociedad. Ya se sabe que "para educar a un niño hace falta una tribu entera".
Extraído del II Congreso de Maestros, organizado por la Fundación Educatio Servanda





